martes, 19 de febrero de 2013 | By: Lorena Rivera

Don Benigno

 
 A veces, en medio de la marea de gente que atendemos en urgencias siempre alguno en particular permanece en la memoria al dia siguiente de la postguardia donde vagamos por casa, eso me paso con Benigno... un abuelito de 88 años de edad que llego muy muy adormilado y tras varias horas de estudios y tratamientos se recupero de tal manera que se preparaba para volver... a casa?, no, a una residencia de ancianos donde tenia un año ya de haber sido ingresado, los boxes estaban muy tranquilos y pude darme el lujo de hablar con el, me encanta hablar con los pacientes mayores y no es habitual tener la oportunidad de escuchar sus batallas de la juventud, aqui, casi siempre se relacionan con la guerra civil, las comidas de supervivencia con carne de gato, un huevo para 4 personas, cebolla y patatas incluida en el menu, la familia desaparecida, los sueños perdidos o los novios fusilados...es un lujo poder escucharlos y tratar de comprender aquella tristeza antigua en cada palabra y valorar la suerte de vivir en paz...casi todos disfrutan hablando y sabiendo que son escuchados.

 Don Benigno tenia los ojos mas azules que he visto, una cara buena, tranquila, plena de arrugas y huellas de haberse comido todo el sol de su juventud en plena cara, adoraba su huerto de enormes tomates, lechucas, cebolla dulce y calabacines, aunque la vida le habia llñevado a aprender el oficio de zapatero, era de los mejores la ciudad, de los que hacian eternos aquellos viejos zapatos comprados en las ofertas de navidad con piel y cuero de verdad, brillando en el escaparate adornado con un enorme belen, sin Papa Noel que en esos tiempos ni se conocia. Me conto de su trabajo, de sus sobrinas, de los largos paseos a pie a los pueblos cercanos, de la matanza de los cerdos en su pueblo y de la manera en la que chillaban los pobres cuando les cortaban los vasos del cuello cuidando que no se desperdiciar ninguna gota para poder hacer morcillas dulces y saladas con arroz (cosa que al ser ovolactovegeta llevo mal, pero respeto y escucho.) Con cada palabra que decia, sus ojos azules se iluminaban y miraban a lo lejos, mas alla de las paredes de Urgencias, mas alla del parking y del puente, mucho mas alla de montaña, mas alla del tiempo, parecia que cada palabra tomaba forma y sentido, parecia que a traves de sus ojos podia mirar...podia tocar y vivir aquellos años 40's, 50's... hasta que sono el timbre de la REA y hubo que correr.

 Ya no le volvi a ver.