jueves, 19 de agosto de 2010 | By: Lorena Rivera

El arte de la renuncia

Ahora mismo estoy en mi casa, en la que por cierto...no habitaré, en un sofa donde no llegare a descansar despues del trabajo, mirando por los pasillos una cama en la que nunca he dormido, preparando cajas de cosas que no volvere a usar y que espero que alguna familia necesitada aproveche, quitando piedra tras piedra de un largo camino emprendido hace casi 8 años del cual no he salido indemne... y que sin embargo de callada manera mes tras mes y año tras año ha ido quedandose atras con suave silencio y sutil sonrisa abriendo paso a este inesperado proyecto de vida que me hace feliz, curiosamente en este maravilloso punto me he dado cuenta de que he aprendido el arte de la renuncia...

A veces me pregunto qué hubiera pasado si hubiera evitado esta serie de cambios si me hubiese quedado en casa, en mi ciudad, con la gente que conocia, y sin embargo estoy convencida en el fondo del alma al dejar mi punto de seguridad, he tomado el camino correcto y que todas las vivencias han guiado mis pasos hasta el dia de hoy...aprendi que si me aferro a lo material no haria mas que sufrir por los lazos que la posesión en sí crea y recrea en esa falsa imagen de seguridad, sufriria por no poderme desplazar, mudar, mover, cambiar de trabajo, cambiar de coche, si me hubiese aferrado no estaria aqui...si me hubiese aferrado al "que dirán" contentando al resto de la gente antes que a mi no estaría aqui...no obstante cada uno de nosotros tiene su manera de ser feliz y lo que a mi me mueve puede paralizar a otro y visceversa. Solo quiero que la gente a la que quiero sea feliz tambien, cumplir sus sueños y mostrarle el mundo a mis amores, dormir sintiendo bajo mi pie, el pie del hombre que amo...lo demás lo logra el trabajo y la constancia, pensando en el bien común de la pequeña familia, pero eso: los detalles cotidianos, los besos, los dias compartidos llenos de sol, las tardes de lluvia; la impaciencia por volver a casa...miles de pequeños detalles que no tienen precio. Si, estoy feliz con este momento de mi vida¡

Mirando por el balcon, se vé el hospital donde ahora estoy, o al menos lo imagino, porque no se donde deje mis lentes...debo de aceptar que no veo un pijo, tal vez... porque ya he visto demasiado.