viernes 25 de diciembre de 2009

Sangue sabur


Muchas veces las palabras no explican con claridad lo que sentimos, es inutil tratar de explicar aquellas cosas que se encuentran en el fondo del alma, sin el temor de decir la palabra (o saeta) incorrecta... otras veces, tememos el agobiar o hacer de las personas que queremos un saco de descarga para ello, cuando a veces son pequeños periodos que pasan y que la gente que mas queremos sabe que estamos alli para todos los momentos en los que nos necesiten...los persas lo sabian, utilizaban su "sangue sabur" cuya traduccion seria "La piedra de la paciencia" era una roca que se cogia entre ambas manos en algun lugar estando solos, lejos de todos y con la roca entre las manos, comenzaban a contarle todas las vivencias, palabras, sufrimientos y pensamientos que nunca se atrevian a decirle a nadie...cuenta la leyenda que la piedra absorvia todo el dolor, el llanto, la pena, la culpabilidad de su dueño y que algun dia la piedra estallaria liberando a su portador de esa carga moral y de todo sufrimiento... no sé si a alguien le estallaria la piedra entre las manos o la encontrase hecha polvo al amanecer... lo que si sé, es que al menos, podrian sentirse escuchados.

El poder de las palabras es descomunal, peligroso, casi religioso, como el poder de un "si" o un "no", el poder de cambiar el camino de una persona (o cambiar el nuestro) al dar una respuesta, nos deberia de hacer pensar en escoger con cuidado en los momentos importantes lo que vamos a decir y lograr la conjunción perfecta con lo que sentimos.. no por ello debemos callar, ni dejar de actuar, simplemente ser honestos, sinceros y libres, siempre fieles a nuestro corazón y al instinto que de una manera u otra nos indica lo que nos hace felices. ¿Destino? No lo sé... Cuenta una leyenda japonesa que al regresar de China, Kakúa (Uno de los primeros maestros del budismo Zen) fue llamado por el emperador y le pidió que le contara acerca de toda la sabiduría que había acumulado en China. Kakúa extrajo su shakuhachi (flauta de bambú), y toco una melodía, le hizo una reverencia y se fué. El emperador comprendio lo que quería decir... no siempre se requieren palabras...

A lo largo de la vida el arte ha estado alli, en todas sus manifestaciones dándonos entre su constante fluir por la historia, revelandonos el alma de su creador. Otra antiquisima leyenda persa contada por el poeta Hafiz, dice que Dios hizo una estatua de barro a su semejanza, pero cuando quería insuflar alma a esta estatua, esta no se dejaba atrapar, pues queria ser libre, no queria ser ni limitada ni atada, el alma no queria entrar en el cuerpo, porque le representaba una prision. Dios pidió a sus ángeles que tocaran música, cuando lo hicieron, el alma se sintió extasiada y queria vivir la música directamente, y entró al cuerpo.

Por ello tal vez, (por la naturaleza libre del alma y segun los persas, la tragedia que es para el hombre la presencia de ese deseo de libertad), hombres y mujeres a través de la historia vivimos esa necesidad de hablar, de escribir, de cantar, de pintar, de ejercitarnos, de amar, de viajar, de descansar de la rutina, haciendo algo que nos de estar a solas con nosotros mismos escuchandonos, comprendiendonos... para poder salir y dar lo mejor de nosotros a los que queremos con el corazón limpio y convivir con el mundo en paz, reflexionando en accion y reaccion manifestandonos en palabras y actos acordes al alma, la conciencia y el amor.

Demos una oportunidad aunque sea minúscula al espíritu... de ser libre.

Feliz Navidad¡¡¡