lunes, 7 de diciembre de 2009

La plañidera

Entre medio de la gente brillaban sus ojos chispeantes detras de las piernas de su madre, sus manitas aferradas a la vieja falda de cuadros marrones y negros amenazaban con crisparse hasta hacerse daño con las uñas... el miedo se apoderaba de su mirada y solamente las arqueadas cejas encima asomaban timidamente, silenciosamente, frunciendose de manera esporadica al escuchar los lamentos que venian del otro lado de la habitación.



En el pueblo desde el filo de la mañana retumbaba en el aire en sonido de las viejas campanas de la iglesia, que solamente cuando alguien fallecia, nacia o se casaba daban un aire diferente al amanecer... ese dia alguien habia fallecido, Don Liborio, que saliendo de tomar su copa de aguardiente llego a casa a dormir y amanecio muerto, su mujer inmediatamente lo arreglo y llamo al cura, el cura preparo la ropa adecuada para oficiar la misa y aviso al monaguillo y al campanero, las hijas prepararon el salon sacando los muebles para poner el cuerpo en medio de la sala con sillas de madera apiladas alrededor de feretro que los hermanos habian comprado y apalabrado a punta de mañana con el carpintero, Don Liborio parecia dormido y desprendia aún ese olor a alcohol de siempre a pesar de los ungüentos y el algodon con el que le untaron, rellenaron y perfumaron las cavidades.

La casa olia a flores, las hijas corrian de un lado envueltas en su rebozo gris a rallas negras de un otro del pueblo comprando flores, cafe, masa, carne y todo lo necesario para da tamales y bebidas a la gente que acudiría al funeral, el cura habia ido caminando a avisar al enterrador que preparaba ya el hueco en la cripta familiar y retiraba hierbas malas mientras bebia una cerveza, con la ropa de diario aun puesta, el cura siguio caminando hasta las orillas del pueblo donde un par de niños jugaba encorriendo a unas lagartijas y amarrando las patitas de un escarabajo volador con un hilo de cañamo, al ver al cura soltaron todo para ir a por sus madres corriendo al rio.

Maria tenia una enorme canasta de plástico que llevaba en perfecto equilibrio sobre la cabeza, llena de ropa que lavaba a base de jabon de pastilla y blanqueaba a palos sobre las piedras que antes de morir habia colocado su esposo para la labor, unas semanas antes de morir en el hundimiento de la mina, dejando la canasta en el suelo se acerco al cura besando su mano al tenerla cerca.

Ella ya sabia que alguien habia fallecido, y por orden de las hijas de Don Liborio que estaban muy ocupadas como para llorar con calma, habia acudido el cura como siempre a por ella, la plañidera del pueblo.

Nunca sabia qué responder cuando le preguntaban como hacia para llorar a voces desgarradoras que penetraban en el alma de la gente, ella y una de sus hermanas tambien viuda, habian encontrado en ello una buena manera de ganarse la vida. Preparaban sus ropas negras, con un rebozo negro y un pañuelo que cual actrices experimentadas tenian preparado para esas ocasiones, cuando llegaban al domicilio se acercaban al cuerpo y comenzaban respirando profundamente despues de saludar a la familia que apuradamente atendia a la gente, poco a poco, cerca del altar central comenzaban un baile corporal inclinando la cabeza de atras hacia adelante mientras comenzaban a llorar poco a poco, con la mano encrespada con el pañuelo que limpiaba la nariz, el llanto se convertia en pequeños gritos, los pequeños gritos se convertian en lamentaciones y las lamentaciones en gritos desgarradores, que a todos los presentes hacian llorar tambien, despues de comer todos iban a la misa, ellas empezaban a sollozar quedamente, asomaban por sus ojos apenas un brillo tenue de lagrimas contenidas, conforme iba avanzando, iban apareciendo gradual y timidamente las lagrimas, al terminar de oficiar la misa y salir el cuerpo el llanto se escuchaba por encima de las cabezas de los asistentes suave aun, pero audible, durante el entierro en el camposanto volvian a la misma rutina de gritar desgarradoramente, hasta el final, en un continuo vaiven del cuerpo, con la cara contraida y enrojecida, los ojos apenas se miraban y las lagrimas fluyendo abundantemente. Los niños no se acercaban, la familia les daba discretamente algunos billetes en las bolsas de las enaguas y ellas se iban a casa al final, cuando todos se habian ido, cabizbajas, guardando cual secreto profesional la motivacion interna que les permitia llorar asi... algun mal recuerdo acaso?

Al retirarse los invitados al sepelio no faltaba el que ante tanto dolor y llanto decia: "Pobre Don Liborio... ya se vé que lo querian".

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Las plañideras existen desde hace siglos formando parte de culturas ancestrales como los egipcios, quienes "iniciaban" a las mujeres desde temprana edad para realizar esta labor, absorviendo todo el sufrimiento existente transformandolo en llanto e incluso arrancandose el cabello, limpiando asi de dolor el ambiente por medio de estas manifestaciones, de esta manera creían lograr el perfecto equilibrio liberador que permitiara continuar la existencia libre de dolor .