
El atardecer caía sobre el campo de olivos, los matices marron verdoso llenaban su vista desde el balcon donde miraba, los sacos enormes de cal al lado de sus pies, le recordaban la cercania del peligro.
Froto intensamente las manos sobre la arena despues de ir al servicio procurando quedasen lo mas limpias posibles despues de usar la letrina de tapa de madera, siempre incomoda pero era mucho mejor que estar al aire libre en pleno invierno. Sus uñas eran un poco largas y negras, el continuo uso que hacia de las manos para labrar el huerto y trabajar con la madera le limaban sobre todo los indices y pulgares.
Las tardes de frio tiritaba a pesar de las pieles que cubrian su espalda, al mirar su tazon de caldo y pan se quedaba perplejo mirando el vapor desprenderse hacia arriba, aun recordaba la sensación de aquel baño caliente que habia tomado hacia un par de meses, la sensación de la ropa interior humeda y el frote a traves de la tela con el que limpiaba su piel, aunque era pecado, el sabia que era pecado tocar mas alla de donde los sacerdotes les permitian, aunque la curiosidad le mataba.
Muchas tardes, preparaba la leña para el hogar, vivia solo desde que su madre muriese, el tenia 21 años y su madre no recordaba su edad, aunque parecia de unos 36 años, las muescas de la pared donde anotaba su edad cada navidad se veian bastante borrosas y algun año olvidaba marcarlas, asi que solo tenia el recuerdo de su viejo sombrero de piel marron y el olor a carbon de sus cabellos, aun le costaba olvidar aquel incendio de tantos que habia en donde la habia perdido, y eso le recordaba constantemente que habia que tener cuidado con el fuego. Puso a hervir la olla de agua con sal, donde hacia el amasijo de mijo y avena, tenia que preparar pan para servir encima las comidas, esperaba con ilusion a que el huerto pudiese ser utilizado de nuevo y mientras tanto, en el otro extremo de la habitacion de 2 x 6 metros, se endurecia el cebo recien hervido, al verse solo se recordaba a si mismo que tenia que casarse, tenia claro que hacia falta una mujer en esa casa, y aunque tenia a varias candidatas en edades adecuadas, el no podia olvidarse de ella...
En uno de los 60 dias de fiesta del año, acudio a una de las fiestas donde el clerigo y los caballeros engullian enormes cantidades de comida, donde al final los eructos y flatulencias hacian gala pública de una buena salud... allí en medio de la algarabia la encontro, era la unica chica que tenia los dientes completos del frente, apenas se apreciaba la falta de los premolares en ella, las sonrosada mejillas ocultaban la huella del hambre del pasado invierno, lo primero que ella miro de él era el largo cabello que tenia, simbolo de bravura, de fuerza y de virilidad en un hombre sobre todo, de ascendencia germana como el tenia, desafortunadamente, su vida aunque no como religiosa en alguna orden, estaba destinada a servir al clérigo que fuera de los principios de pobreza,obediencia y castidad, pretendian romper sobre todo la ultima ley con ella, a cambio de más riquezas para su familia.
Ella tenia en la mano una rosa blanca que tiro en el suelo para el la recogiera con la esperanza de que entendiera el mensaje, el solo pudo rozar su mejilla con el dorso de la mano rapida y casi accidentalmente... el sabia su destino pero no se atrevio, no tuvo el valor para romper con la imposicion a pesar de poderlo hacer, se dejo llevar por un destino vendiendo su propia felicidad en pos de un sacrificio innecesario, en pos de la resignación dulce y el miedo profundo al clero... el miedo y la falta de valor para afrontar sus sentimientos y sus deseos más íntimos le habian ganado la partida...ella nunca sabria lo que el queria.
La rosa se habia marchitado, ella, con los años tambien, pero su miedo... su miedo al qué pensaria la gente del dilectio no le abandonaria el resto de su vida...
Pasaron los años, la peste acabo con el pueblo y el milagrosamente habia sobrevivido, siendo de los pocos inmunes, era el unico que ayudaba a quemar los cadaveres de las casas grandes y en uno de esos viajes, no con poca sorpresa y asombro reconocio los rasgos de su dama, la coloco cuidadosamente en la pira improvisada sacando de entre sus ropas los petalos antiguos de una flor que desmenuzo sobre el cuerpo sin vida... y a solas con el viento le dijo todo lo que sentia, lo que deseaba, lo que hubiese querido que pasara, los planes, lo que habia construido en su mente para ella, le conto de los hijos que no tuvieron, de los besos que nunca se dieron, de la vejez que no compartieron y que le hubiese gustado vivir a su lado, junto con ella tambien quemo a su miedo...mas tarde al salir de misa no se despidio de nadie, ese dia no comulgo, se interno en el bosque y nadie volvio a verle nunca.
No podemos vivir con miedo.
En memoria de mi amiga y compañera Yuridia, que adoraba que me inventara relatos medievales y odiaba que cantara la misma cancion en la guitarra cientos de veces, con la pena de su pérdida y peor aun, me duele no haberme enterado antes...






